
La
mayor parte de las mujeres del periodo 1930-1980 trabajaban como
“amas
de casa”, es decir, realizaban las tareas propias de la
casa: lavar,
planchar, limpiar, hacer las comidas, ... Sin embargo, estas tareas,
que
también se realizan en la actualidad, antes eran mucho
más difíciles y
esforzadas.
Para
lavar había que sacar el agua del pozo, si lo había, o ir
a
lavaderos públicos. Tenían que calentar el agua en
calderos instalados en las
“estrebes” (trébedes) y frotar y
frotar
contra “refregadores” de madera. El jabón utilizado era
fabricado en las
propias casas con el aceite frito (que ya no servía) y
cáustica. Después el
planchado. Las planchas de hierro eran calentadas con carbón, a
menudo, el
mismo que se utilizaba para cocinar.
En
las casas de
las familias humildes, los suelos eran de tierra
aplastada o, en el mejor de los casos, de cemento o ladrillo basto que
había
que limpiar, de rodillas, restregando con estr
opajos
de esparto.
Además
de estos trabajos, las mujeres, y también los niños, en
muchas
ocasiones
tenían que
ayudar en las tareas del campo: sembrar las sementeras,
recoger sarmientos, recogida de las aceitunas, ...
Otras
mujeres, para poder ayudar a la economía familiar, actuaban como
“amas de cría”, es decir amamantaban a
bebés de familias
ricas del pueblo o de
otras ciudades, cuando las madres de aquellos, por circunstancias
diversas, no
lo hacían con sus propios hijos.
En
todas estas actuaciones puede observarse la importancia del trabajo
de la mujer en la vida social del pueblo, aunque este trabajo haya
estado poco
reconocido en una sociedad machista y oprimida como la de los
años que nos
ocupan.