Vamos
a mirar por una
rendija cómo era la escuela de nuestros bisab
uelos en Bollullos.

Los niveles
de instrucción de los bollulleros fueron bajísimo durante
buena parte del siglo
XX.
El analfabetismo, el no saber leer ni escribir, era lo normal en
aquellos años. Sólo los rico podían ir a la
escuela y aprender. Y el caso de las mujeres era mucho peor que
el de los hombres. Las niñas no tenían
por qué
saber ni leer ni escribir.
Cuando llegó
Antes de estos colegios los
maestros daban
clase en unas escuelas
unitarias (en las aulas había alumnos de todas las edades). Los
niños por un lado y las niñas por otro.
Los
niños faltaban muchísimo
a la escuela ya que tenían que ir a trabajar como jornaleros a cambio de
unos insignificantes
salarios, para poder ayudar a sus familias o dejaban
de ir para ayudar a sus padres en épocas
de siembras o recogidas
de cosecha:
vendimia, siega, trilla, etc. O
simplemente no iban nunca.
Los
maestros tenían su escuela
en su propia casa o en algún local del Ayuntamiento.
Había dos escuelas en la C/ Pérez Merchante( la de Don
Emilio Melado y Don Francisco),
otras dos en la calle Delgado Hernández (la de Don
Joaquín Cordón y la de Don Teodosio),
otra en la c/ Padre Domínguez García (la de Doña
Rosa Chico),
otra en la Plaza de la Iglesia (la de doña Carmen
González)
y otra en Los Caños, donde está ahora la Policía
(la de Doña Concha)
( Los
niños y niñas escribían en las "pizarritas", que
cada uno llevaba dentro de su cartera con un "pizarrín" que era
como una tiza que escribía en
la pizarra. Se
borraba con un trocito de tela que llevaba atada para que no
se
perdiera. Los mayores escribían con "plumines", que mojaban en
la tinta que les ponía el maestro en el "tintero", (un tarrito)
metido en un agujero que tenían
los "pupitres". Si se les
caía un borrón (una gota de tinta) ya no se podía
quitar y quedaba todo sucio. Lo más
corriente era que
eseniño o niña se
llevase un coscorrón.
Después de
la
guerra se persiguió a
los maestros republicanos, volvió la escuela del castigo y de
los rezos obligatorios al empezar y terminar las clases. Eso no
desapereció de nuevo hasta que tuvimos la Constitución
democrática de 1978 que daba libertad en la religión que
cada uno quisiera, como si no quería ninguna.
Las familias eran pobres y estaban tristes. La
escuela también: era pobre; no tenía libros, ni
cuadernos, ni casi nada y era triste; no se permitía
demasiada
alegría. Decían: "la letra con sangre entra " o "quien
bien te quiere te hará llorar" y, lo de pegar era lo normal
de todos los días.